El testimonio de un entrerriano que pasó 7 meses embarcado y sufrió dos ataques piratas

“Salí el 20 de diciembre y llegué el 15 de julio a hacer 14 días de cuarentena, porque al vuelo de repatriación lo tomamos en México; después de eso recién pude estar en mi casa, tranquilo”. Así, Claudio Omar Benítez resume ante El Entre Ríos los tiempos de un viaje como embarcado, que se tornó tan interminable como imposible de olvidar.

De acuerdo al itinerario planteado inicialmente, “salíamos de puerto San Lorenzo en Santa Fe trasladando aceite de soja hacia Cuba, pasando por Brasil y volviendo a la Argentina a finales de marzo”. Sin embargo, “surgió lo del coronavirus y sufrimos dos ataques piratas en medio del viaje, que lo volvieron interminable por el tiempo que estuvimos prácticamente presos dentro del barco”, relata.

“Hace 27 años que soy embarcado y hacemos muchos cursos antiterrorismo o para enfrentar este tipo de situaciones, pero en este viaje comprobé que la teoría y la práctica son cosas muy diferentes y que realmente nadie puede estar totalmente preparado”, reflexiona.

Luego de esos 7 meses y 20 días embarcado en estas circunstancias de pandemia y doble ataque pirata, “aprendizaje y sumar experiencia” son los aspectos positivos que rescata de esta experiencia sin igual, ya desde su casa en Colón y rodeado de su gran familia: “Superamos muchas pruebas que sirven de experiencia para nosotros mismos y también para transmitírselas a los compañeros que están empezando”.

Crónica de la pandemia, desde arriba de un barco

“Los primeros días de febrero empezamos a tener noticias del virus y a recibir protocolos con respecto a cómo debíamos cuidarnos, todo por correos electrónicos que nos llegaban al barco vía satélite”, dice.

Una vez declarada la pandemia del Covid-19 en el mundo, “el 16 de marzo estábamos en la playa de una isla que se llama Santa Lucía, adonde habíamos llevado combustible, cuando la Policía del lugar nos notificó que teníamos que volver al barco y que ya no podíamos transitar por los muelles, dado que el virus se estaba propagando”, continúa.

“Como salimos por tres meses, siempre estamos bien provistos de víveres, incluso calculándolo para un mes y medio o dos meses más del tiempo proyectado”, revela con respecto al momento clave en que “todos en el barco empezamos a trabajar a la par, cuidándonos unos a otros y sin tener tanto en cuenta las jerarquías”.

Ello, más la incertidumbre de no saber cuándo volver a casa: “El 27 de marzo nos comunicaron desde la empresa que no podíamos regresar a la Argentina y no teníamos relevo, porque no había medios para volver al país por agua, aire ni tierra. Fue así que nos mentalizamos que teníamos que seguir adelante, cuidándonos hasta que todo esto pasara”.

Ataques piratas

A miles de kilómetros, en medio de una pandemia y en calidad de varado en el Mar Caribe, la embarcación argentina con un colonense a bordo no solamente debió soportar las cuestiones sanitarias.

“El 17 de mayo, que era domingo, escuché el alarma general cuando estaba en mi camarote preparándome para comer, después de haber terminado mi guardia. Salimos todos a la cubierta y nos encontramos con que un grupo de haitianos tenía a tres compañeros con cuchillos, horquillas y machetes: querían agua, comida y se llevaron otras cosas que encontraron dentro del barco, que las iban tirando a sus canoas de madera, a remo, que había usado para alcanzarnos”, cuenta.

“Un susto muy grande, que a lo oscuro un grupo de gente te invada así, desde el agua. Y siendo la misma gente a la que en anteriores oportunidades habíamos ayudado con agua, comida y ropa, pero seguramente nosotros nos confiamos mucho y ellos tenían una gran desesperación por el hambre”, agrega como datos de contexto.

Pero eso no fue todo.”La segunda vez que nos atacaron fue el 29 de mayo, cuando íbamos entrando a Puerto Príncipe (Haití), pero esta vez ya fue con armas porque venían a buscar otra cosa. Entendemos su situación y el hambre, pero si se les escapaba un tiro y herían a algún compañero…”, deja planteado como riesgo de su oficio de embarcado.

Fuente: El Entre Ríos