A propósito del cumpleaños de LT 11. LA NOTICIA DE LA MUERTE DEL PERIODISTA QUE LLEGO A PAPA

Por Alfredo Guillermo Bevacqua   –   

Hace 42 años de lo que, para muchos, fue una edición más del diario La Calle. Si se cumplen 42 años, es porque ocurrió un 29 de setiembre de 1978.  En esa  fecha en nuestra provincia se celebra la festividad de su Santo Patrono, San Miguel Arcángel, lo que fue instituido por el Papa Pío IX en diciembre de 1851.

Hace cuatro décadas se acataba el Decreto de feriado provincial, dictado por el gobierno entrerriano y en Río Uruguay, la Cooperativa de Seguros en que nos desempeñábamos desde 7,00 a 14,00, era una jornada no laborable. Es decir, que podía repetirse en ese día viernes, lo que rutinariamente se hacía los días sábado y domingo: el despertador biológico no estaba programado para días no laborables, y entonces, era despertarnos como si fuera una jornada de trabajo,  levantarnos en pijama, ir hasta la puerta de entrada y recoger el diario que había sido pasado por debajo a las 4 o 5 de la mañana. Vale aclarar que Dios nos había concedido (“Gringo” Bonvín mediante) la fortuna de disponer también de un trabajo con relación de dependencia en horario vespertino/nocturno (desde las 18,00) hasta el cierre (casi siempre no más allá de las 22,00).

El jueves 28 había sido el día franco de quien era responsable de “la primera” (Néstor García, hoy en La Prensa Federal), así denominábamos a la tapa del diario; y el autor de esta nota, era el encargado de reemplazarlo, asumiendo  la tarea de seleccionar las noticias que merecían ir en tapa  -por lo general, en ese entonces de orden nacional- y la ubicación que tendrían de acuerdo a su importancia.

Al recoger el diario, en la semipenumbra, advertimos que, en lo más alto de la página, había un titular a 6 columnas y tipografía, por lo menos cuerpo 48, que no era lo que habíamos dejado cuando dimos por terminada la jornada laboral como trabajador de prensa.  Los lentes y la luz del velador  generaron un montón de  sensaciones, entre ellas sobresalían el estupor y la pena.

El título, que  encabezaría seguramente los titulares de todos los diarios del mundo, anunciaba en forma concisa y contundente: “MURIO EL PAPA JUAN PAULO I” (para quien trabaje o haya trabajado en un diario matutino sabe lo que significa que en el texto exprese que ocurrió hoy). Apenas treinta y tres días  antes, en ese mismo espacio del diario local se lo había anunciado  a Albino Luciani, como el  elegido para reemplazar a Paulo VI, fallecido el 6 de agosto, luego de ocupar durante 15 años el trono de Pedro.

Giovanni Battista Montini, catalogado como uno de los grandes Papas de la Iglesia Católica, eligió el nombre de Paulo VI  para  guiar al catolicismo; había sucedido, al carismático Ángelo Giuseppe Roncalli, que tomara el nombre de Juan XXIII, que fuera conocido como Juan “El bueno”, y entró en la historia, no solo por ser el Jefe de la Iglesia Católica, sino porque  al convocar al Concilio Vaticano II, abrió la puerta a una profunda actualización de la Iglesia, revisando esencialmente las formas de sus actividades, adaptando la disciplina eclesiástica a las necesidades de este tiempo. Albino Luciani, para su efímero reinado, tomó los nombres de sus antecesores; le llamaban “el Papa de la sonrisa”, por eso muchos dijeron que era “mas Juan que Paulo…”

Apasionados y bohemios

Decíamos antes que quien conoce la tarea en un diario matutino, sabe que si en la tapa se anuncia que “fue hoy”, es algo demasiado trascendente, y que solo pueden hacerlo los grandes diarios; esos que tienen guardia periodística permanente, y no tienen problemas en parar la rotativa, colocar un logo de “2da.edición”  y hacerle  un espacio al acontecimiento de último momento. Pero LA CALLE, no tenía guardia periodística permanente, pero si en su planta de personal, había algunos exponentes de una tradición periodística argentina: eran apasionados de su profesión y bohemios; al terminar la jornada, la mesa de un bar (Mon Cherí) o un restaurante (Parrilla Filipini) los unía hasta más allá de la medianoche. Algo de eso pasó en esa madrugada del 29 de setiembre de 1978.

El aniversario de LT 11

El 29 de setiembre de 1978 se conmemoraba un aniversario más de la salida al aire de LT 11, la segunda emisora radial de la provincia de Entre Ríos, y por supuesto, la primera de nuestra ciudad.  Formaba parte de la redacción del diario, Teresita Ferrari, joven periodista llegada desde Gualeguaychú, que tenía también un espacio en la emisora local.

Teresita estaba relacionada con el ambiente periodístico capitalino. Había estudiado y había trabajado allí; y, años más tarde, desde La Calle y LT11, se fue nuevamente a Buenos Aires, y trabajó en las grandes revistas de aquel entonces 7 Días, de Editorial Abril; Gente, de Editorial Atlántida, entre otros, y también hizo radio y televisión con renombrados periodistas.

El 28, por la tarde había llegado a Concepción del Uruguay, el periodista Julio Lagos, muy popular en ese entonces. Era el creador de un espacio que arrasaba: a las 8 de la mañana, por Radio Belgrano, leía y comentaba los diarios en “Charlando las noticias”, iniciado  en 1971. El 29 de setiembre desde el LT11 haría “El programa es Ud.”, que desde ese año se emitía por Radio Belgrano, en horario vespertino, ya que antes salía por Continental.

Teresita hizo de anfitriona y le comentó en el transcurso de la cena al visitante, que los estudiantes uruguayenses habían pintados murales en tapiales de varios puntos de la ciudad. Quiso verlos. Y pasada la  medianoche recorrieron calles de amarillenta y tenue luz, en busca del arte estudiantil.

Un café en Mon Cherí

Terminado el recorrido,  pasaron a tomar un café por Mon Cheri, un ícono de los setenta,   –en Presidente  Perón y San Martín, ahí donde hoy está Victoria Seguros.  Eran casi las dos y media de la mañana. Allí, en la mesa  redonda, grande,  que estaba al costado de la caja que atendía el propietario  Don “Toto” Gradizuela, (también conocido como  “el Manso”)  estaban los amigos noctámbulos, con los que compartimos muchas noches, no esa;  (eran habituales  “Juancho” Garro, “Poroto” Verossi, Julio  Marassi, Horacio Palassoli, “el Pelado” Jorge Presas, jefe de redacción de La Calle, entre  varios más; no  podemos asegurar quienes estaban  aquella noche de hace 42 años; si estaba Oscar Marcelo Satto “el Chule”,  el jefe de taller del diario La Calle y que falleciera en el 2009 . “El Chule” desde pequeño sabía del olor a tinta de los talleres de diarios; había trabajado en los ya desaparecidos  Los Principios y en Provincia. Era tipógrafo, pero conocía todos los secretos de un taller gráfico; ya en ese entonces, mucho más de la mitad de su vida la había pasado entre la tinta y el plomo.

Pero además “el Chule”, hacía de periodista. Tenía a su cargo todo lo relacionado con el turf, que en ese tiempo tenía una actividad local importantísima, y además, hacía policiales. No hace falta aclararlo,  tenía “una licenciatura  en calle”  y podía escribir  una tesina sobre “la noche”…  La conversación era variada, actualidad, pingos, basquetbol y la infaltable admiración por la belleza de las jóvenes distribuidas en las distintas mesas, hasta que ingresó alguien que, acodándose en el mostrador y dirigiéndose a ellos, les dijo  “¿se enteraron? ¡murió el Papa!, lo escuché recién”.

“¡Paren las rotativas!”

Fue apenas un instante la manifestación de sorpresa en “el Chule”, miró el reloj y  dijo “Tenemos que  poner la noticia, hay que parar el tiraje”  (detener  la rotoplana  en la que se imprimía el  diario). Lo acompañaron hasta Moreno 139, Teresita y Julio Lagos. Entraron directamente al taller, les pidió a “Patita” Imoff (ya fallecido) y a “Manolo” González, los impresores, que pararan la rotoplana y sacaran “la rama” de la primera. Ya unas decenas de ejemplares se apilaban en la boca de salida de la ruidosa máquina. “Chule” prendió una linotipo –había que esperar que el plomo se derritiera-, y encendió la teletipo, que por supuesto, repiqueteaba incesante y la campanilla de “urgente” se tornaba insoportable.  Eligió el texto, corrigió mayúsculas y acentos, puso el título y redactó una aclaración, informando que los primeros ejemplares ya estaban circulando cuando se conoció la noticia y hubo que parar la impresión.

Sobre el paso siguiente, el trabajo en la linotipo; donde se transcribía en líneas de plomo el texto del papel, no podemos afirmar si “el Chule” Satto, fue el que lo hizo. Consultamos a  los ex linotipistas José “el Pupilo” Bevacqua y Alberto “Plomada” Bonvín (quien desde 1981 integró el plantel de redacción en la sección Deportes hasta su jubilación); los otros linotipistas eran los hermanos Arrieta y Félix Domingo Torres, lamentablemente, fallecidos. Ni “el Pupilo” ni “Plomada”, recuerdan haber sido partícipes de esa jornada. Es probable, que “el Chule” haya empleado rudimentos básicos para escribir sobre el hirviente plomo.

Una vez terminada esa tarea, hizo una prueba de “galera” (la corrección del texto en una tira húmeda de papel); hizo las correcciones, desarmó la “rama” y rearmó la tapa, colocando –como correspondía- la noticia de la muerte de Juan Paulo I, allá arriba y con tipografía catástrofe; los títulos se armaban letra por letra, hizo la “prueba de página”. Ajustó todo y lo trasladó a la impresora; eran las cuatro de la mañana cuando la impresora reanudó su rutina sin francos y monocorde, que sirvió para calmar la impaciencia  de  los repartidores –el diario tenía entonces suscriptores-, y los distribuidores.

Teresita y Julio Lagos por supuesto, se llevaron los primeros ejemplares, de lo que un gran diario hubiera llamado, pomposamente, “segunda edición”.

“Es periodismo”

Horas más tarde, entre las 14,00 y las 18,00, haciendo su programa desde LT 11, Julio Lagos contó la experiencia vivida; “vimos –dijo– ese trabajo de desarmar y armar nuevamente para dar la última noticia, eso es periodismo”. Era la historia, que si bien nacía en el infausto suceso de una muerte ilustre, mostraba la actitud de servicio, de quien entendió que el compromiso de informar, está más allá de un límite horario; y quienes conocimos al “Chule” Satto, sabemos que en silencio y sin demostrarlo, se habrá sentido orgulloso de “un capo laboro” excepcional.

Es muy posible, además, que no supiera que había informado sobre  la muerte de un periodista, el primero “del gremio” que llegó a ser Papa. Así lo cuenta el historiador y escritor colombiano Germán Arciniégas, quien era embajador de su país en El Vaticano, durante el efímero papado del Patriarca de Venecia: “El director de un periódico le dijo (a Juan Paulo I): Ud. hace unos sermones notables para las 150 personas que van a su misa, -la mitad turistas que no saben italiano, y la otra mitad viejas que no lo oyen-, si en vez de eso, escribe en mi periódico… Oyó el consejo, se hizo periodista, y el del púlpito que no llegaba a 150 oyentes en su parroquia, llegó a tener cien mil lectores. De ahí, a Papa. Alégrense los periodistas”  (1)

Se nos antoja entonces, que  ese compromiso de Oscar Marcelo Satto, era como un homenaje al “periodista” fallecido. Y resulta obvio que sintiera orgullo porque  lo que había hecho lo ratificaba en su oficio y en una manifestación, además, que sentía al medio como propio.

En estos momentos en que el periodismo, aún en sus expresiones más encumbradas, se desprestigia con actitudes irresponsables, superficialidades o inexactitudes, rescatar estos compromisos con la profesión resulta oportuno, ya que por lo general, el ciudadano común, desconoce cómo se ha logrado, lo que atentamente lee o escucha. Por otra parte,  “Chule”, no era un jovencito que “hacía méritos”; y seguramente  porque había una trayectoria detrás, no dudó un instante en parar una edición.

Se nos ocurre como cierre, un párrafo de quien fue Premio Nóbel como escritor, pero que siempre sintió que su oficio era “el mejor del mundo”, Gabriel García Márquez: “El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.” (2)

——-

  1. – Germán Arciniégas, De Pío XII a Juan Paulo II, VI, p. 116, Sudamericana-Planeta, Lanús, 1987
  2. – Gabriel García Márquez, Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Bogotá, 1996

(laciudadrevista)