“Con la política en el ADN”: Retrato de Rogelio Frigerio, lo que dice y lo que calla

Osvaldo A. Bodean

Para captar a Rogelio Frigerio, hace falta prestar atención tanto a las palabras que pronuncia como a las que cuidadosamente calla, como en un juego de luces y sombras.

En tiempos de tanta conflictividad, donde la política, no sólo en Argentina sino en casi todo el mundo, se asemeja a los autitos chocadores de un parque de diversiones, el exministro se esmera por parecerse a un paciente conductor en un sinuoso camino de montaña, tratando de frenar a tiempo y evitar los volantazos. Si fuera un dibujante, uno imagina que en sus obras no abundarían los ángulos agudos, cortantes.

No obstante, en sus respuestas hay sobrados indicios para descubrir cómo se mira a sí mismo y a la política, qué papel se reserva en el “armado” nacional y provincial y qué postura asume ante asuntos urticantes.

A la crisis económica presente la define, esta vez sin medias tintas, como “la peor de la historia argentina”. “Parte del problema –sostiene- es que la dirigencia política no está entendiendo la gravedad de la situación”. Al consultárselo sobre la deuda en dólares de Entre Ríos, responde que “la realidad provincial replica la realidad nacional” y, como al pasar, le manda un mensaje a Gustavo Bordet. Tras considerar como “muy difícil” que el gobierno entrerriano “pueda por sí mismo” encontrar una salida, remata con inusual énfasis: “Yo estoy esperando una convocatoria de las actuales autoridades y la voy a esperar hasta último momento, a ver cómo juntos resolvemos este problema”.

Frigerio predica el diálogo y la búsqueda de la unidad casi hasta el hartazgo, tanto como la autocrítica, otra de las palabras que emplea con frecuencia. Puesto ante el desafío de identificar sus propios errores en tiempos de Ministro del Interior, admite: “No pudimos lograr que aquellos que tenían más poder de decisión entendieran la necesidad de ampliar la base de sustentación política de nuestro espacio”. Pero no dice quiénes eran esos con “más poder de decisión”. Es más, en todo el reportaje no menciona a Mauricio Macri.

Hablando de la coparticipación, en un gesto que no se condice demasiado con su perfil “negociador”, recomienda que “la provincia ejerza su derecho al reclamo, se plante y exija” que las asistencias del Banco Central, que es una entidad “federal” según la Constitución –remarca-, sean “coparticipadas” con las administraciones provinciales.

Para superar el grave déficit del sistema previsional entrerriano, Frigerio postula que debe hallarse una salida por consenso, que termine con “absolutamente todos los privilegios e inequidades”, aunque prefirió no dar ejemplos.

Como de costumbre, no dice ni sí ni no cuando se le pregunta por una futura candidatura a gobernador. Pero deja más que claro que desea jugar y explicita bajo qué condiciones. Predica la necesidad de concebir un “proyecto convocante” sin “mezquindades”, donde pese más la idoneidad que las camisetas partidarias. “Si ese proyecto se da -y estoy trabajando para que se dé-, yo voy a formar parte en el lugar que sea”, remata.

No disimula cierta incomodidad al hablar de la interna del Pro. Es más, sorprende con un juicio terminante: “No me parece bien que no nos podamos poner de acuerdo en algo tan menor como las estructuras partidarias del Pro”. Aprovecha para resaltar que él no tiene cargos, ni públicos ni partidarios, y se ubica en el rol de consejero, cuando cuenta qué le recomendó a los dirigentes del Pro entrerriano a la hora de conformar las listas. Aunque hay pocas dudas de a quién prefiere, si a Caminal o a Niez, no lo explicita, tal vez porque pretende no embarrarse demasiado en una “interna” que le disgusta.

“Es difícil encasillarme”

– ¿Cómo se define a sí mismo Rogelio Frigerio?

– … Uy… ¡qué difícil! En principio soy un hombre de familia, padre de dos hijos, una persona a la que las responsabilidades que tuvo a lo largo de su vida, desde muy joven, en la función pública o en el sector privado, no lograron -y espero que nunca lo logren- sacarlo del eje de las cosas que son importantes, la familia, los amigos. Privilegio eso antes de cualquier otra cosa. Por supuesto, también soy una persona con muchísimo compromiso con el país, algo que seguramente llevo en la sangre, por el ADN de mi familia.

– ¿Usted es primero economista y luego político?, ¿a la inversa?, ¿ambas cosas a la vez?

– Yo milito en la política antes de ser economista, así que probablemente ese sea el orden correcto. Milité desde muy joven en la juventud secundaria desarrollista y después fui funcionario en la década del 90, viceministro de economía, después de me dediqué más de una década larga a la actividad privada y volví hace unos años a la función pública en el proyecto de Cambiemos. Y ahora estoy otra vez en la actividad privada, porque no tengo cargos públicos ni partidarios, pero siempre vinculado con la política.

Hay una tergiversación de la idea de lo que es hacer política, sobre todo en los últimos tiempos en la Argentina, como que casi no se concibe la política sin el cargo. Sin querer ser autorreferencial, siempre pongo el ejemplo de mi abuelo que hizo política desde los 12 años hasta los 92, o sea, 80 años, y fue solamente 2 años funcionario en el gobierno de Don Arturo Frondizi, hasta que la presión militar lo obliga a renunciar al cargo, pero siguió actuando en el gobierno desarrollista.

– ¿Dónde se ubica Frigerio? ¿Desarrollista, peronista, liberal, de centro? ¿Cuál sería su casillero ideológico, si es que cree que hay que ubicarse en alguno o quizá piensa que puede nutrirse de varios?

– Yo soy desarrollista y creo que, de alguna manera, siendo desarrollista, es difícil encasillarme. El desarrollista es básicamente una persona con ideas, por eso no me asusta el planteo ideológico, pero sobre todo muy pragmático, en orden a entender que la política tiene y debe tener un objetivo por encima de cualquier otro, y es que la gente viva mejor, y para eso es imprescindible trabajar por el desarrollo nacional.

“La oposición puede ganar la próxima elección”, pero…

– ¿Ese pragmatismo al que se refiere es el que llevó a Arturo Frondizi a protagonizar gestos de apertura y diálogo con sectores ideológicamente diferentes?

– Ya que usted lo menciona, mi abuelo me contaba siempre que la génesis del gobierno estuvo muy vinculada con la idea de la unión nacional. Frondizi era el representante de la Unión Cívica Radical Intransigente, que representaba a las clases medias de la Argentina de aquella época, y mi abuelo entendía que aún ganando la elección -porque el peronismo estaba proscripto y todo hacía indicar que la elección entre Frondizi y Balbín la ganaría quien no fuera visualizado con antiperonista como se lo veía a Balbín-, sin un frente nacional, no se iba a poder llevar adelante un programa de transformación y desarrollo de la Argentina, y por eso se gesta esa alianza de clases y sectores de la vida argentina detrás de un plan de desarrollo.

– ¿Alguna semejanza con el presente?

– Está más vigente que nunca porque hoy, así como está, y sobre todo, en vista del deterioro de la Argentina, la oposición puede ganar la próxima elección, como ganamos la de 2015, pero eso, que te alcanza para ganar una elección, en un país hoy mucho más complejo que hace 60 años, no te alcanza para transformar la realidad de ninguna manera. Ese mismo razonamiento corre para la provincia de Entre Ríos.

Rogelio Frigerio
Rogelio Frigerio

– En su vocabulario de estos tiempos, usted usa mucho la palabra autocrítica, y a la vez alude a la necesidad de construir puentes, tener una generosa amplitud. ¿Cuál fue el principal error o la principal falencia del propio Rogelio Frigerio durante sus años de ministro? ¿Acaso no haber podido convencer al gobierno del que formó parte para que hubiera una mayor apertura y se integrara a otros sectores, arrimándose a ese ideal frondizista?

– Sin dudas.

– Pero, ¿lo intentó?

– Lo vengo intentando desde el primer momento. De hecho, no sé si usted lo recuerda, pero a principios de 2015, cuando se empieza a gestar la idea de la unidad en la oposición, éramos muy pocos los que defendíamos esa estrategia. Los líderes del Pro y la mayoría de los líderes del radicalismo no estaban de acuerdo. No creían que eso era indispensable. Pudimos convencer a estos dirigentes descreídos de esta necesidad de generar una coalición para enfrentar lo que parecía un deterioro irrecuperable de las instituciones de la República. Y ahí sí tuvimos éxito, pudimos conformar Cambiemos. Aún con este acuerdo de la mayoría de la oposición, nos alcanzó apenas para ganar por poco más de un punto la elección, pero claramente no alcanzó para transformar el país ni para lograr los ambiciosos objetivos que nos habíamos planteado.

Había obviamente que tener una actitud mucho más generosa después del triunfo electoral y también en la segunda oportunidad que tuvimos, que fue después de haber ganado la elección de medio término. Pero ahí no tuve éxito, no tuvimos éxito aquellos que pensábamos de esta manera, no pudimos lograr que aquellos que tenían más poder de decisión entendieran la necesidad de ampliar la base de sustentación política de nuestro espacio.

A pesar de eso, con un trabajo incansable y casi artesanal, pudimos generar gobernabilidad, aun siendo la administración más débil del último siglo en la argentina. Teníamos un tercio de la Cámara de Diputados de nuestro color político y solamente un quinto de la Cámara de Senadores, 5 gobernadores sobre 24, no mucho más del 20% de los intendentes del país. Es decir, no teníamos ni poder parlamentario ni poder territorial y, sin embargo, con mucho diálogo, con mucha vocación de construcción política, pudimos ser el primer gobierno no peronista en casi también 100 años que termina su mandato, y pudimos llevar adelante muchas de las leyes que nos propusimos, a pesar de tanta debilidad en el congreso.

Pero bueno, no pudimos ir más allá de eso. No pudimos generar condiciones para que nuestra coalición gobernante pudiera tener más músculo político, más volumen y, en consecuencia, más posibilidades de llevar adelante una agenda ambiciosa.

“Es diálogo es casi imposible, pero a la vez es imprescindible”

– En este escenario de tantas grietas, ¿no le parece que este enfoque en favor del diálogo entre quienes piensan distinto se vuelve difícil no sólo con el que está enfrente sino hacia adentro de las coaliciones? Cualquiera que se atreve a abrir la ventana y hablar con el vecino de enfrente es enseguida catalogado como un traidor o un tibio.

– Es así. Es diálogo es casi imposible, pero a la vez es imprescindible, si queremos salir de esta decadencia con la que convivimos desde hace tantas décadas los argentinos. Tenemos que seguir insistiendo, porque cuando uno analiza los últimos 50 años, medio siglo de la historia argentina, si quiere desde el gobierno de Frondizi a esta parte, no hemos hecho otra cosa que retroceder, que deteriorar la calidad de vida de nuestros compatriotas. Y cuando uno trata de encontrar un común denominador en todas las gestiones que tuvieron responsabilidad es la falta de acuerdos, de consensos sobre las cosas que tenemos que hacer para salir de esta situación.

En consecuencia, por más que sea difícil o casi imposible, por más que muchas veces sea más cómodo posicionarse en un extremo y seguir tirando piedras o devolviendo las piedras que se reciben, creo que no tenemos otro camino, otra salida, si queremos una Argentina mejor y una Entre Ríos mejor, que es insistir por el lado de la construcción de puentes y del diálogo, y de la idea de que se necesita más de uno para solucionar los problemas que, solo, en más de 50 años, nadie pudo arreglar.

No estoy planteando que todos somos igualmente responsables. Probablemente algunos hayan tenido más oportunidades de gobierno que otros, pero sí hemos sido corresponsables en lo más básico, en lo más evidente, que hoy los argentinos no viven mejor que hace 50 años. Somos, de alguna manera, responsables todos los que hemos tenido un paso por la administración pública.

Esto obliga a tener una actitud mucho más humilde que la que uno ve en la mayor parte de la dirigencia política, que tiene esa tendencia natural a echar culpas y a deslindar responsabilidades. Yo creo que nadie hoy en la dirigencia política argentina tiene derecho a echar culpas y que todos tenemos la obligación, le diría hasta moral, de ver cómo hacemos para resolver los problemas que quitan el sueño a los argentinos.

– Suele ocurrir que los dirigentes se muestran abiertos al diálogo pero dicen ‘fulano es mí límite’. Por ejemplo, algún peronista dirá ‘mi límite es Macri’ y alguno de Cambiemos postulará ‘mí límite es Cristina Kirchner’. ¿Cuál es el límite de Rogelio Frigerio o no tiene ninguno?

– Creo que este consenso que requiere Argentina para dejar atrás los problemas de toda la vida, que venimos repitiendo de manera recurrente desde hace más de medio siglo, implica que la dirigencia política esté dispuesta a socializar los costos que conllevan las reformas estructurales que hacen falta. Para eso, la convocatoria tiene que ser amplia. Por supuesto que no requiere como condición la unanimidad. Uno espera que los extremos no estén dispuestos a hacer este esfuerzo, pero aún con los extremos afuera de esta mesa de trabajo que la sociedad demanda a gritos, en la que los políticos se sienten a dedicar tiempo y energías a ver en qué están de acuerdo en vez de priorizar las diferencias y los enfrentamientos, creo que basta con una gran mayoría y no es condición indispensable la unanimidad.

– ¿Cuál es su mirada sobre el Papa Francisco? En este presente tan convulsionado, también alrededor de su figura hay una grieta, sectores que alimentan la idea de que es algo así como el armador del Frente de Todos, o llegan incluso a atribuirle ser el ideólogo de un ‘neopobrismo’ populista. Por fuera de estos pareceres, el Papa ha predicado la unidad en la diversidad, a la que usted parece suscribir cuando insiste con el diálogo.

– No creo para nada que el Papa esté ocupándose de la construcción política del kirchnerismo. Me parece que eso forma parte de este deporte que tenemos los argentinos de imponerle una grieta a todo, a cualquier cosa. Creo que hay muchos que hablan por el Papa y le hacen un flaco favor, que hubo algunos gestos, fotografías, encuentros, que se hubieran podido evitar o explicar mejor, pero más allá de eso creo que tiene cosas mucho más importantes en su papado que ocuparse de las internas político partidarias de nuestro país. Creo que hay que escucharlo más a él y no tanto a los que dicen que hablan en su nombre.

“La dirigencia política no está entendiendo la gravedad de la situación”

– Usted ha llegado a decir que “la Argentina está pasando una tremenda crisis, peor que la del 2001 y que la de la hiperinflación”. ¿Qué indicadores lo han movido a decir algo así? Suena muy dramático.

– Yo creo que parte del problema es que la dirigencia política no está entendiendo la gravedad de la situación. Como ejemplo solamente, en el segundo trimestre de este año caímos más en términos de actividad económica que en todo el 2001. Es decir, en tres meses la economía se deterioró más que a lo largo de todo el año 2001, que nos trae recuerdos tan desagradables como la hiperinflación de los 80. Además, es una crisis la de hoy que, al menos por ahora, no parece de salida rápida y fácil, porque, a diferencia de lo que ocurrió en 2001, el mundo no está jugando tan a favor, no tenemos la soja a 600 dólares la tonelada, ni los países desarrollados de alguna manera ayudando a salir a la Argentina. Hoy cada país está lidiando con sus propios problemas, y la Argentina también va a tener que lidiar con su situación más complicada, por lo cual creo que sin dudas esta es la peor crisis de la historia en la Argentina, donde tenemos una tremenda recesión, cuando ya hace una década que el país no crece.

Entre Ríos y su deuda: “Estoy esperando una convocatoria de las actuales autoridades y la voy a esperar hasta último momento”

– Pongamos el foco en Entre Ríos. Entre los desafíos está la renegociación de su deuda en dólares. El gobierno tiene entre sus lineamientos lograr con los acreedores pasar de 3 a 6 años el período de repago de la deuda. El exgobernador Mario Moine opinó que debería ser mínimo de 8 años porque con 6 las próximas gestiones tendrán las manos atadas. ¿Cómo lo ve Frigerio?

– Lo veo con enorme preocupación. La realidad de Entre Ríos replica la realidad nacional. Espero que este esfuerzo que se hace por mejorar el perfil de deuda, por patear el problema para adelante, tenga sentido y se aproveche, y se aproveche el tiempo para que la provincia deje de ser insolvente. Porque si solamente pateamos la pelota para adelante, lo único que hacemos es transferir responsabilidades a los que vengan después.

De nuevo, es difícil que el gobierno actual de Entre Ríos lo pueda hacer por sí mismo, pero yo estoy esperando una convocatoria y la voy a esperar hasta último momento de las actuales autoridades, a ver cómo juntos resolvemos este problema, sin mirar tanto quién es el responsable de que hoy Entre Ríos esté como está, porque yo creo que eso a la gente no le interesa. Lo que le importa a la gente es cómo resolvemos la situación. Soy un convencido de que va a ser muy difícil que en estos tres años y meses que le quedan a la actual gestión, si se encierra, si no tiene la voluntad y la vocación de convocar a todo el arco político a ver cómo juntos logramos una Entre Ríos mejor, me parece que no va a ser posible. Pero quiero marcar y resaltar la vocación que tenemos de estar a la espera y responder favorablemente a una convocatoria de las actuales autoridades de la provincia, si entiende que estos problemas de tanto tiempo en la provincia es hora finalmente de empezar a resolverlos.

Caja de Jubilaciones de Entre Ríos: “Lo primero que hay que hacer es terminar con absolutamente todos los privilegios”

– ¿Cómo reformar el sistema previsional entrerriano para revertir el déficit que se agrava año tras año?

– Lo primero es el diagnóstico. No hemos hecho otra cosa en estos últimos años que deteriorar cada vez más el sistema previsional de la provincia, y, por supuesto, no tenemos mucho más tiempo para encontrarle una solución.

Lo más importante que requiere la solución es consensos, porque, cualquier fuerza política que imponga su mayoría circunstancial y logre alguna reforma, siempre corre el riesgo de que quien venga después dé marcha atrás y volvamos a foja cero, como ha ocurrido invariablemente en las últimas décadas de la Argentina, donde el que llega borra todo lo que hizo el anterior, porque precisamente faltó el consenso al hacerlas.

Después, el segundo requisito es estar dispuestos todos a socializar los costos de este tipo de reformas que, claramente, la provincia no puede esperar más para hacer. Es decir, son de las cosas que hay que sacar de la discusión político partidaria y electoral.

Y, en última instancia, creo que lo primero que hay hacer, antes de sentar en la mesa a expertos que junto con todo el arco político diseñen una salida, es terminar con todos los privilegios, con absolutamente todos los privilegios, todas las inequidades del sistema. Yo creo que la gente está esperando eso de nosotros.

– Otro asunto clave para Entre Ríos y para todas las provincias es la coparticipación, que volvió al centro del debate cuando Alberto Fernández decide quitarle un punto a CABA y traspasarlo a la jurisdicción bonaerense. El trasfondo es que sigue pendiente el mandato de los constitucionalistas de 1994 para que se apruebe una nueva ley que regule la coparticipación.

– En principio, remarco mi preocupación por lo ocurrido con la quita a CABA y su derivación a la provincia de Buenos Aires, de manera inconsulta e intempestiva. Yo creo que eso le hace muy mal al federalismo. Ni siquiera se le sacó a la ciudad de Buenos Aires para repartir entre el resto de las provincias. Fue una quita a una de las pocas jurisdicciones de la oposición para darle a la provincia desde el punto de vista electoral más importante del oficialismo. Hay que tener mucho cuidado con esas actitudes, porque si la tienen con CABA, también la pueden tener en algún momento, si la cosa se complica más, con otras provincias.

Lo segundo, el gobierno anterior, más allá de la autocrítica y los errores que cometió, que hay que asumirlos y aprender de ellos para ser mejores en el futuro, nadie puede discutir que ha sido uno de los gobiernos más federales de la historia. Entre otras cosas porque restituyó a las provincias 15 puntos de la coparticipación, que precisamente el gobierno anterior los había sacado.

– Fue obligado por un fallo judicial, ¿no?

– Fue obligado por una sentencia para tres provincias y el presidente interpretó que ese fallo era justo y me mandó a mí a negociar con las provincias para ver cómo podíamos también reconocer ese derecho al resto. Lo hicimos, por supuesto no de un día para el otro porque también recibimos un Estado quebrado, pero sí a lo largo de un acuerdo de 5 años.

Hoy en día hay una situación económica muy vulnerable en las provincias, entre otras cosas porque esta crisis y esta cuarentena han reducido drásticamente el nivel de la recaudación de impuestos coparticipables…

– ¿Los gobernadores dependen más que nunca de auxilios discrecionales?

– No solo eso. La Nación ha compensado esta disminución de recaudación con asistencia del Banco Central, pero esa asistencia, que hoy es casi más importante que la recaudación de impuestos, no la coparticipa con las provincias, a pesar de que la Constitución habla claramente de un banco federal como autoridad máxima monetaria. Con lo cual creo que ahí la provincia tiene que ejercer su derecho al reclamo y plantarse y también exigir que una parte de esa asistencia le corresponda a la provincia de Entre Ríos.

El futuro de Frigerio en Entre Ríos: “Lo único que me entusiasmaría sería formar parte de un proyecto distinto, que no sea mezquino”

– Aplicando una metáfora futbolera, Usted juega en dos ligas a la vez: en la premier y al mismo tiempo la regional. ¿Eso explica sus indefiniciones, que no se decida a disputar la gobernación, que siempre que se le pregunte deje un margen de duda? ¿Se debate Frigerio en la disyuntiva: o sigue en el ámbito nacional donde tiene una carrera hecha o desembarca decididamente en Entre Ríos?

– Primero, aclararle que esa visión no se corresponde con la realidad, porque yo lo último que hago es pensar en mi futuro en la política. De hecho estoy disfrutando de mi familia y de la posibilidad que me dan estos tiempos de ocuparme de mis asuntos, que por muchos años desatendí. Entre otras cosas, mi actividad productiva en la provincia.

Sin embargo, para mí, lejos de implicar un demérito, tener responsabilidades en la provincia sería un honor. Pero más allá del lugar que uno ocupe, a mí lo único que me entusiasmaría sería formar parte de un proyecto, un proyecto distinto, que no sea mezquino, que no haga hincapié en las cuestiones personales, ni siquiera partidarias, que tenga en vista solamente el objetivo de tener una Entre Ríos mejor, de formar parte de un gobierno donde estén los más idóneos y no los que responden a determinada camiseta partidaria, donde realmente haya una generosidad y una humildad que deje de lado los intereses personales y partidarios que tanto daño le han hecho a la política y a la provincia misma. Si ese proyecto se da, y estoy trabajando para que se dé, yo voy a formar parte en el lugar que sea.

La verdad es que después de haber tenido muchas responsabilidades, he sido desde muy joven, a mis veintitantos años, viceministro de economía y después he sido ministro de interior y obras públicas. No tengo ningún tipo de necesidad de ocupar cargos y de hecho no los ocupo en la actualidad. Ni siquiera tengo cargos partidarios, y hago política porque lo llevo en la sangre.

Creo que la provincia necesita un proyecto convocante, que vaya más allá de los límites que a veces se autoimponen los partidos políticos y las personas, y que convoque a los mejores en cada área. Yo creo que eso es lo que está esperando la gente de nosotros.

“Algo tan menor como las estructuras partidarias del Pro”

– El Pro de Entre Ríos exhibe en estos días una llamativa agitación interna, con dos listas presentadas para cargos partidarios, una encabezada por Eduardo Caminal y la otra por Roberto Niez. ¿Cómo ve este proceso? ¿Hay un apoyo explícito a alguno de los dos?

– A mí me consultaron algunos dirigentes respecto de este tema y yo planteé que, así como soy un ferviente creyente de que las elecciones son la mejor forma de definir quiénes tienen que ser los candidatos de cada fuerza, y por eso defiendo las PASO, no creo para nada que este sea un momento en el cual haya que poner energía, esfuerzo, recursos, en una elección interna de un partido político.

No me parece bien que no nos podamos poner de acuerdo en algo tan menor como las estructuras partidarias del Pro. Creo que hay que hacer esfuerzos para buscar consensos, primeramente internos, y ocuparse, poner energías en lo único que importa, ver cómo hacemos para resolverle los problemas que le quitan el sueño a los entrerrianos.

– ¿Debe deducirse de su respuesta que aún cree posible que no se llegue a una votación?…

– No lo sé. Si no se puede llegar a un consenso, se votará y los afiliados definirán quiénes son los más capaces para dirigir la vida partidaria. Yo sí pedí, además de un esfuerzo por el consenso, como un consejo, que también hagan un esfuerzo para que aquellos que tienen cargos en la función pública, no tengan a su vez otros cargos en la vida partidaria, que le den lugar a otros dirigentes, a otros militantes, para que tengan oportunidad de tener una experiencia en la política, que no la pueden tener porque los cargos los ocupan siempre los mismos, y creo que eso no es bueno para la democracia ni para la participación que requiere.

– Gracias Frigerio por el tiempo que nos dispensó para esta entrevista.

– Espero que no haya sido muy confuso lo mío.

– No creo que sean confusas sus respuestas. Admito que los periodistas esperamos definiciones más tajantes, pero no es característica suya ser tajante.

– Le pido disculpas (sonríe)

– No, por favor, nada de qué disculparse. Sólo que a los periodistas nos resulta más sencillo procesar una entrevista con frases fuertes porque la elección del título se facilita. Pero, probablemente a la política argentina los títulos fuertes no la estén ayudando demasiado…

– (Sonríe)… Y sí, creo que uno de los problemas de la vida política son los títulos fuertes…Fuente: El Entre Ríos