El caso de la menor que acusó a un defensor: “Sin clientes, no hay trata”, mucho más que un slogan

Ni salvar al defensor ni hundir al defensor. Ni exculparlo ni declararlo culpable, siendo que la investigación aún está en curso y no hay ni juicio ni condena.

Lo que realmente se necesitan son garantías reales de un accionar serio, independiente, objetivo, de parte de los responsables de llevar adelante la investigación, para llegar a la verdad y nada más que la verdad, sin que se vea distorsionada por la defensa corporativa como tampoco por las versiones cruzadas que ganan las redes con evidentes intenciones, según de quiénes provengan, de mejorar o empeorar la situación de los imputados.

Dicho de otro modo, importan la verdad y la justicia. Sólo eso. Importa que se sepa cómo fueron los hechos y, en consecuencia, se haga justicia primordialmente con la menor y sus hermanas, necesitadas de una vida digna; justicia para con el defensor acusado, que si es culpable deberá pagar por ello y si no lo es deberá ser liberado de toda sospecha; justicia para con los demás imputados y para con todos y cada uno de los que pudieran haber tenido su cuota de responsabilidad en este drama humano.

Sorprende que en las últimas horas se hayan echado a rodar presuntos dichos de la menor en la Cámara Gesell, que jamás salieron de su boca, según aclaró a El Entre Ríos una fuente confiable, con acceso al expediente.

Se dice que la adolescente dio precisiones sobre la marca de la camioneta 4 x 4 en la que, según su relato, iba el defensor hasta la tapicería. Pero no es así. Jamás aludió a marca alguna. Sólo un color: gris.

Se dice también que la menor aportó datos sobre “el hermano” del defensor, por ejemplo, la edad, o rasgos físicos. Tal cosa tampoco fue expresada por la chica ni consta en el expediente, aseguraron a El Entre Ríos.

Otra cuestión clave a aclarar es la época en que habrían ocurrido los hechos bajo investigación. El caso detonó a fines del año 2020, pero la explotación de la menor, lo mismo que las visitas de sus “clientes”, no han sido ubicadas por ella en fechas precisas ni tampoco en un período determinado de tiempo, ni siquiera en tal o cual mes o año. De allí que no pone a salvo a ningún sospechoso el intento de recurrir a cámaras de seguridad cuya memoria sólo almacena lapsos recientes.

Tal imprecisión temporal torna también inútil cotejar los vehículos que la adolescente describe con los que en la actualidad utilizan los acusados. Hasta la información acumulada en los celulares podría volverse irrelevante en el caso de que no contuvieran chateos de varios años para atrás.

También se ha dicho que algunas de las hermanas discrepan con el testimonio de la chica. Es así, pero tales disidencias se producen en un contexto de fuertes tensiones hacia adentro de la familia, en especial por la situación de la madre, imputada y con prisión domiciliaria. Es más, la adolescente dio a entender que algunos familiares no le perdonarían haberse atrevido a hablar. Y fue en ese tramo de la Cámara Gesell en el que deslizó que había resuelto contar todo para que su hermana más chica no pasase por el mismo infierno que ella. También confesó un sueño conmovedor acerca de su futuro: poder estudiar y tener su propia vida.

“Sin clientes, no hay trata”, mucho más que un slogan

Puede resultar tentador para algunos circunscribir la investigación sólo a la progenitora y al tapicero. No hay dudas de que sus conductas habrían sido causantes del grave cuadro de degradación al que fueron sometidas las niñas. Pero no es menos cierto que “sin clientes, no hay trata”. Esta frase no es un slogan hueco. Es un facón que se hunde hasta tocar el nervio más profundo, más oculto y, muchas veces, más poderoso, del drama de la prostitución de menores.

Clausurar el expediente en la madre y el tapicero significa culpar sólo a los “nadie”. Llegar a los clientes, sea que entre ellos esté o no el defensor, conlleva incomodar a poderosos.Implica atacar en serio -y no sólo como una pose de moda- esa cultura machista que justifica y ampara al “putañero”, como se suele calificar a quien sale a comprar favores sexuales, sin importarle que sean menores ni el deplorable e indigno “negocio” del que se vuelve partícipe necesario.

La menor apuntó a miembros de los dos poderes de los que depende el esclarecimiento del caso

No es un desafío sencillo el que tiene por delante el Ministerio Público Fiscal. Máxime si se tiene en cuenta que, además de haber señalado a un funcionario judicial, también la adolescente dijo que hubo “policías” entre sus clientes. Es decir, ¡apuntó a miembros de los dos poderes de los que depende justamente el esclarecimiento del caso!

También es mayúsculo el desafío para el Ministerio Público de la Defensa. ¿Alcanza para garantizar imparcialidad las decisiones hasta ahora adoptadas? “Si Maximiliano Benítez quiere garantizar imparcialidad y buena defensa, debería nombrarle a la menor y a todos los involucrados en el caso defensores sorteados de la lista de abogados y no del poder judicial”, comentó a El Entre Ríos una profesional del derecho. Suena razonable. ¿Se evaluó esta posibilidad?

Esta es una de esas ocasiones en las cuales el Poder Judicial afronta el desafío de garantizar independencia no ya respecto de otros poderes sino de sí mismo. En tal sentido, no debería ahorrar gestos.

La adolescente anticipó ante los profesionales que la entrevistaban en Paraná que la harían “pasar por loca”. Por ahora, no se ha llegado a tanto, pero se ha insinuado una vía “colectora”: instalar la idea de que está confundida e insistir con que nunca dijo el nombre y apellido del defensor. ¿De verdad sirve este último argumento para contrarrestar la insistencia con la cual en la Cámara Gesell volvió a acusar al defensor? ¿Acaso las mujeres víctimas de explotación sexual saben la identidad precisa de sus clientes? Si en efecto el funcionario es inocente, deberán ser otros los fundamentos para absolverlo.

No es una preocupación menor cuán a salvo de las presiones se halla hoy en día la menor. ¿Puede el Copnaf resguardarla de cualquier intento de los imputados de influir sobre sus futuras actitudes en procura de que se desdiga?

Por último, el caso también desafía la coherencia de la Justicia en la ponderación de las diferentes pruebas. Es decir, que a la Cámara Gesell se le asigne el mismo valor que en causas anteriores del mismo tipo, siempre en relación con otros indicios que surjan de la investigación, algunos que tal vez refuercen sus conclusiones y otros que las pongan en crisis.

Fuente: El Entre Ríos